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¿Adónde va la Amazonia?

La Amazonia, símbolo de una naturaleza virgen en peligro, suscita tantas inquietudes como fantasmas. Varias revistas francesas de ciencias humanas y sociales se esfuerzan en precisar el carácter de los desafíos y, para hacerlo, abren sus columnas a especialistas latinoamericanos. Surge de ahí un cuadro heterogéneo.


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En Volumen 1, Número 2, 2021

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1 La Amazonia, símbolo de una naturaleza virgen en peligro, suscita tantas inquietudes como fantasmas. Varias revistas francesas de ciencias humanas y sociales se esfuerzan en precisar el carácter de los desafíos y, para hacerlo, abren sus columnas a especialistas latinoamericanos. Surge de ahí un cuadro heterogéneo, con muchos más matices que las imágenes a menudo simplificadoras que transmiten los medios de comunicación. Algunas ideas bien merecen ser cuestionadas: por ejemplo, la Amazonia es una región tan gigantesca y tan múltiple, en sus formas de paisaje y en sus poblaciones, que sería mejor hablar de Amazonias en plural. A diferencia de lo que comúnmente se cree, no es una naturaleza «virgen», sino un conjunto de territorios, modelado por el ser humano desde hace milenios. Su rol en la captura del CO2 es menos crucial que su status hidrológico; aunque está claro que la política de «colonización» llevada a cabo por los estados, con Brasil a la cabeza, pone en peligro ciertas zonas, incluso las que en principio están protegidas. Éstas últimas representan, sin embargo, un 48 % de la Amazonia brasileña y el 80 % de la Amazonia colombiana. Es por lo tanto una tierra de contrastes y la cuestión de saber de qué manera evolucionará depende de la confianza que otorguemos a la capacidad de los estados y de los defensores del medioambiente para frenar y canalizar las tendencias perversas activas: deforestación salvaje, privilegios otorgados a los exportadores de soja y de maíz, perturbación de los ríos por represas gigantescas, agresiones perpetradas contra ecologistas… Nuestro dosier oscila entre la presentación de factores por momentos cada vez más preocupantes (como la actitud del gobierno brasileño de Jair Bolsonaro) y otras más esperanzadoras. La multiplicidad de presiones contrarias que se ejercen sobre el conjunto amazónico invita a pensar que la cuestión no está zanjada.

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3 Nuestra selección

4 Fernando Roca Alcázar, Ombelyne Dagicour, Ismael y Carlos Nobre.

5 Y también Michel Prieur, Thiago Oliveira Neto.

6 Carta blanca a François-Michel Le Tourneau.

Recursos amenazados

7 El territorio amazónico representa casi el doble de la superficie de la Unión europea. El río Amazonas tiene más de 7000 km de longitud y el río Madeira más de 3000, que lo convierten en el mayor afluente del planeta. La Amazonia alberga 420 pueblos que hablan 86 lenguas y 650 dialectos. La mayor parte del territorio está muy poco poblada, pero dos ciudades concentran más de un millón de habitantes (en Brasil) y una medio millón (en Perú). Sin contar con la Guyana francesa, otros ocho estados se reparten la cuenca amazónica. Enumerando estos datos en un artículo de síntesis publicado por la revista jesuita Études, el padre y etnobotánico peruano Fernando Roca Alcázar insiste en la diversidad desconocida de lo que llamamos la «Amazonia». Contiene tierras costeras salinas, páramos en la cadena andina, bosques de media montaña, zonas muy áridas y otras inundables, sabanas… La Amazonia tampoco es una región «virgen». Está cultivada desde hace milenios y su biodiversidad, no sólo no ha retrocedido, sino que ha aumentado con las intervenciones humanas. Las cuencas del Amazonas y del Orinoco fueron vinculadas por un canal mucho antes de la llegada de los europeos. Es posible que los castaños de la Amazonia sean resultado de plantaciones humanas que datan de varios siglos. Una de las lecciones que debemos aprender actualmente es que «una intervención humana bien concebida puede enriquecer la naturaleza». Queda mucho por aprender de los remedios descubiertos por los indígenas en las plantas. La Amazonia es sólo un captador de carbono secundario; vale más insistir sobre el hecho de que produce un quinto del agua dulce del planeta. Sin embargo estas reservas de agua están amenazadas. Los proyectos extensivos de ganadería y agricultura modifican «el ciclo de las precipitaciones, lo cual conlleva la extinción de numerosas especies». Se habla de un «proceso de sabanización». La explotación minera contamina los cursos de agua. Las grandes represas perturban los cursos de los ríos; la construcción de la enorme represa de Belo Monte en Brasil es problemática, como también lo es el proyecto de dragado de los rápidos de los ríos peruanos. Pero para todos estos problemas «existen soluciones», insiste el padre Roca Alcázar, que evoca algunas de ellas y muestra un cierto optimismo.

Fernando Roca Alcázar, padre jesuita etnobotánico, dirige el Programa de Estudios Amazónicos de la Universidad Católica del Perú.

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Vuelta atrás

9 Al considerar la historia de Brasil, se observa que, desde el siglo XIX, todos los dirigentes del país han pensado la Amazonia, en menor o mayor medida, como un espacio de colonización, con fines tanto estratégicos como económicos. La llegada al poder de Jair Bolsonaro, en enero de 2019, exacerbó esta tradición hasta la caricatura. En la revista Politique étrangère, la historiadora Ombelyne Dagicour muestra que los incendios que «devastaron» la Amazonia en 2019 y el aumento de la deforestación, alentada por el actual gobierno, atestiguan un innegable retroceso al respecto. La vuelta de la democracia en 1985 había inscrito en efecto «la responsabilidad del Estado brasileño en materia de protección medioambiental» y reconocido «el derecho de los pueblos indígenas a preservar su modo de vida». Siendo el cuarto emisor mundial de gases de efecto invernadero, Brasil había logrado convertirse, en estos últimos años, en «un actor imprescindible de las negociaciones internacionales sobre el clima». El presidente Bolsonaro, que alinea su escepticismo climático con el de Donald Trump, ha retirado la candidatura de Brasil para organizar la COP25.

10 La historiadora repasa los avances, con frecuencia ambiguos, impulsados por los gobiernos sucesivos desde los años 80. Contrariamente a lo que a menudo se piensa, la elección de Lula da Silva en 2002 implicó en realidad «una vuelta a una política de Estado desarrollista». Marina Silva, que había logrado ralentizar la deforestación durante su mandato como ministra de Medioambiente, tuvo que dimitir. Sin embargo, ha sido durante esta época cuando los territorios indígenas se constituyeron en «Unidades de Conservación», áreas en principio protegidas «que representan actualmente un 13,7 % de la superficie total de Brasil». Una política actualmente en cuestión por Jair Bolsonaro, que ha declarado que «las minorías deben plegarse a la mayoría […]. [Deberían] adaptarse o simplemente desaparecer». Esta actitud refleja, según la historiadora, otra tradición profundamente anclada, la de una sociedad «conformada por ideas racializadas». Es un hecho significativo que, antes incluso de la elección de Bolsonaro, decenas de militantes medioambientales indígenas fueron asesinados. A pesar de los desafíos que presenta la Amazonia para el planeta, el gobierno brasileño se opone radicalmente a toda forma de internacionalización y se muestra incluso muy reservado respecto a los proyectos de una política de cooperación regional.

Ombelyne Dagicour es especialista de Historia contemporánea de América Latina. Da clases en Sciences Po (campus de Poitiers).

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Carta blanca a François-Michel Le Tourneau

«Colonialismo interno»

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¿En qué sentido puede seguir considerándose a la Amazonia víctima de una situación colonial?
La Amazonia es una región marginal de Brasil, en el plano demográfico y en el económico. No dispone por lo tanto de poder político significativo. Las políticas de desarrollo que se le aplican se han definido, en gran medida, sin tenerla en cuenta, y han estado a cargo de agentes políticos procedentes de otras regiones y que, por lo general, tienen poco conocimiento de la realidad del terreno. Oscilan entre una visión de la «Amazonia recurso», que hay que explotar, y la «Amazonia que debe protegerse». Es constatable también que quienes «desarrollan» la Amazonia explotándola proceden a menudo de estados del sur de Brasil y migraron hacia esta región debido a las oportunidades financieras.
El hecho de encontrarse en una situación en la que el centro de poder está a miles de kilómetros y en la cual las decisiones se toman principalmente en razón de las necesidades e ideas de regiones distantes puede ser calificado como «colonialismo interno».  

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Si estuviera al frente del Estado brasileño, ¿cuál sería su política respecto a la Amazonia?
¡Dios me libre de asumir tal tarea! Creo que se podría intentar desarrollar una política siguiendo tres ejes complementarios. En primer lugar, retomar el aspecto «control y represión» que funcionó bien hasta que se restringió, y finalmente se dejara de lado, durante estos últimos años. Sin un control estricto del respeto a la legislación no hay solución. El segundo aspecto sería darles valor a los productos locales (por ejemplo, productos forestales que no destruyen el bosque), con el fin de hacer que el bosque y la biodiversidad amazónica adquieran más valor que la economía de la deforestación. El último aspecto sería confrontar a los países occidentales con su responsabilidad: si la Amazonia produce servicios medioambientales que benefician a todo el planeta, todo el mundo debe pagar por su preservación. El pago de estos servicios es, desde mi punto de vista, la gran palanca necesaria para lograr que conservar la selva reporte más que destruirla. Es también un medio de ayudar a las poblaciones autóctonas (amerindios, comunidades tradicionales, etc.) a salir de la pobreza. Algo menos evidente hoy, con la crisis económica que se avecina, por supuesto, que hace seis meses…

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¿Piensa que el riesgo de colapso de los ecosistemas amazónicos es real?
Sí y no. La teoría del «tipping point» plantea que, en un momento determinado, sólo un poco más de deforestación provocará el colapso del conjunto del sistema. Pero la Amazonia es una región inmensa, compuesta de numerosos ecosistemas, próximos, pero no equivalentes. Podemos entonces pensar qué colapsos pueden producirse, pero ocurrirán probablemente más bien en las regiones del sur de la Amazonia, que están más deforestadas y experimentan ya una pluviosidad menor. En estos lugares el riesgo de que el ecosistema se transforme en sabana es alto. En el centro de la Amazonia, es posible que la selva densa continúe dominando. Pero también este bosque puede experimentar una modificación en su funcionamiento, tal vez con una reducción en su biodiversidad, con un cambio en el reparto de las especies, etc.
Prefiero el término de cambio al de colapso: quizás ocurran cambios radicales en algunas zonas y cambios más discretos en otras. Pero si llegara a haber cambios en todas partes, esto no será una buena noticia, porque estos cambios tienen un efecto dominó: un poco más de sabana en Amazonia significa probablemente un poco menos de lluvia en el sur de Brasil, etc.

François-Michel Le Tourneau, geógrafo, director de investigación del CNRS, adscrito a la UMI iGlobes (Universidad de Arizona).

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Amazonia 4.0

16 Un biólogo y un climatólogo brasileños, Ismael y Carlos Nobre, describen en la revista Futuribles el ambicioso proyecto «Amazonia 4.0». Se trata de crear «un nuevo paradigma de desarrollo […] socialmente inclusivo», fundado sobre una «bioeconomía» que concilie el desarrollo económico, la preservación del bosque tropical y el reconocimiento del valor de sus habitantes. A lo largo de las dos o tres últimas décadas, escriben los hermanos Nobre, el debate se ha polarizado entre dos vías opuestas. La primera consiste en «aislar completamente las grandes áreas forestales para su conservación». La segunda, «pretendidamente sostenible», se basa en la agricultura, la ganadería y la explotación minera. Ahora bien, según los autores, ninguna de estas dos vías ha aportado resultados satisfactorios, debido a «la expansión constante de la frontera», lo que se traduce en el avance de la deforestación y en la construcción de infraestructura en el corazón de la selva. «La crisis climática y la amenaza global sobre la biodiversidad exigen soluciones innovadoras», escriben. El proyecto «Amazonia 4.0» pretende «generar bioindustrias locales y diversificadas, productos con valor añadido en todos los niveles de la escala de valor, empleos e inclusión social». Tomando como ejemplo diversos productos «procedentes de los activos biológicos de la Amazonia», como el aceite de palo de rosa, el aceite de castaña de Pará, la madera de ucuuba, la pulpa de azaí, el camu-camu, pero también los múltiples «secretos bioquímicos» de la naturaleza amazónica, los autores apelan a realizar investigaciones sistemáticas para explotar estos recursos dentro del respeto al entorno y a las poblaciones locales. Para logarlo, es necesario según ellos movilizar las capacidades de la «industria 4.0» (sistemas ciberfísicos, objetos conectados, inteligencia artificial, drones…) y emprender una amplia política de formación que explote las herramientas más modernas (recurso a la realidad virtual, etc.). Para emprender este proceso virtuoso, los responsables del proyecto han concebido laboratorios de campaña «montados en tiendas o en plataformas flotantes».

Ismael Nobre es biólogo, miembro del equipo científico de la iniciativa Terceira Via para a Amazônia (Tercera Vía para la Amazonia). Carlos Nobre es climatólogo, miembro de la Academia Brasileña de Ciencias.

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Los instrumentos jurídicos

18 El futuro de la Amazonia depende también de las iniciativas jurídicas nacionales e internacionales que afectan a este extenso territorio. Michel Prieur, presidente del Centro Internacional de Derecho Comparado del Medioambiente, recuerda su evolución y presenta algunas perspectivas en la Revue juridique de l’environnement. La Constitución adoptada por Brasil en 1988 califica la Amazonia como patrimonio nacional y prevé que las áreas protegidas y los territorios indígenas, que representan el 48 % de la Amazonia brasileña, sólo pueden ser modificados o suprimidos por la ley, lo que implica el acuerdo del Parlamento. Existe también un código forestal, que experimentó un retroceso en 2012, tras la modificación que hizo, durante su presidencia, Dilma Rousseff, en beneficio de los labradores. Por su parte, Colombia aportó en 2018 la personalidad jurídica a la Amazonía colombiana, de la cual el 80 % tiene un estatus de reserva indígena o de parque natural. Este país también ha asumido el compromiso de alcanzar el objetivo de «deforestación cero» en 2030. En el contexto internacional, se han inscrito seis millones de hectáreas en la lista del patrimonio mundial de la Unesco. El Banco Mundial gestiona por cuenta del G7 y de la Unión Europea un programa de gestión medioambiental de la cuenca amazónica. Los ocho estados americanos ribereños de la Amazonia han firmado también un Pacto Amazónico que permite llevar a cabo acciones de protección y de vigilancia. Los estados que forman parte de este pacto adoptaron en 2017 la Declaración de Tena, que afirma su compromiso con la reducción de los efectos del cambio climático, reconoce que los recursos hídricos de la cuenca amazónica son un patrimonio universal compartido y prevé reforzar la cooperación contra los incendios. El Pacto de Leticia, firmado por siete estados en septiembre de 2019 (Venezuela no fue invitado) reafirma sin compromisos reales la necesaria cooperación entre los países de la Amazonia.

19 Michel Prieur escribe que hay que «apoyar a los juristas brasileños para que utilicen los instrumentos jurídicos nacionales». Considera en cambio prácticamente «inconcebible» la idea lanzada por algunos de calificar la Amazonia como «patrimonio común de la humanidad».

Los problemas de las redes viarias

20 Un elemento esencial de la dinámica de «colonización» de la Amazonia ha sido la construcción de grandes ejes viarios. El joven geógrafo brasileño Thiago Oliveira Neto hace un repaso histórico en la revista Outre-Terre sobre la historia de estos proyectos, en un principio concebidos sobre todo con fines militares, pero convertidos en una pilar comercial fundamental (para explotaciones mineras, transporte de soja y de maíz). Él mismo ha recorrido buena parte de estos ejes viarios e ilustra su texto con fotos. Describe las nuevas oportunidades creadas por estas carreteras, que no han cesado de contribuir al desarrollo del «eje pionero» (cada carretera está contenida en un «buffer» de 100 km de ancho, calificado de «tierras para uso federal»). Pero también insiste en los incontables problemas ambientales y humanos generados de esta forma. Muchos de estos ejes viarios no han podido ser asfaltados completamente, o incluso están asfaltados sólo muy parcialmente, y algunos de ellos han experimentado incluso un retroceso, como la carretera que unía Manaos con Porto Velho, que varias veces ha sido arrastrada por las aguas y cuya reconstrucción enfrenta a los ecologistas, la fiscalía federal y los industriales. Han surgido muchos conflictos entre los promotores y las poblaciones locales. Así, la carretera BR-210, considerada de interés estratégico, porque debía bordear la frontera norte de Brasil, quedó interrumpida a partir de 1976, después de la apertura de 990 km sobre los 2000 previstos, que bastaron «para crear graves problemas con los indios Yanomami, que vieron su territorio cortado en dos y sufrieron una afluencia de acaparadores de tierras que conllevó la propagación de enfermedades». El autor considera que aumentarán los problemas de todo tipo debido a una tendencia a la retirada financiera del Estado brasileño, con un riesgo de desestructuración de los servicios públicos destinados a las poblaciones recientemente instaladas a lo largo de estos ejes.

Traducido y revisado por Cadenza Academic Translations
Traductor: Yago Mellado Lopez, Editor: Lucrecia Radyk, Editor sénior: Mark Mellor

La Amazonia, símbolo de una naturaleza virgen en peligro, suscita tantas inquietudes como fantasmas. Varias revistas francesas de ciencias humanas y sociales se esfuerzan en precisar el carácter de los desafíos y, para hacerlo, abren sus columnas a especialistas latinoamericanos. Surge de ahí un cuadro heterogéneo.



Subido a Cairn Mundo el 23/08/2021
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